Dos meses después de la captura y extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores, en el marco de la Operación Resolución, ejecutada por el Delta Force en Venezuela, la relación entre Delcy Rodríguez y Donald Trump atraviesa el metal más fuerte en el terreno de la comunicación pública.
El más reciente episodio de lo que los medios del planeta califican como “luna de miel”, ocurrió este sábado 7 de marzo, en el marco de la cumbre del Escudo de las Américas. Desde su palacete en Miami, Florida, Trump confirmó su reconocimiento al Gobierno liderado por la presidenta encargada.
Me complace decir que esta semana hemos reconocido formalmente al gobierno de Venezuela. Lo hemos reconocido de manera legal y también hemos alcanzado un histórico acuerdo sobre el oro”, manifestó el líder republicano, en un discurso ante los principales mandatarios de la derecha latinoamericana. Dos días antes, la Casa Blanca había anunciado el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y consulares.

Antes, el 4 de marzo, en un mensaje publicado en su red Truth Social, Trump aseguraba que Rodríguez hacía un “excelente trabajo y colaborando muy bien” con los representantes estadounidenses. “El petróleo está empezando a fluir, y el profesionalismo y la dedicación entre ambos países es algo muy grato de ver”.
Rodríguez respondió el mensaje y agradeció a Trump por su “amable disposición” de trabajo conjunto en una agenda que «fortalezca la cooperación binacional”. El miércoles, Rodríguez recibió en Caracas al secretario de Interior de Estados Unidos, Doug Burgum, para abordar temas de interés en la cooperación energética y fortalecer el sector minero.
El tablero lo tiene Trump
Imdat Oner, analista del Jack D. Gordon Institute y académico de la Universidad de Florida, sostiene que los halagos no ocultan ninguna carta del presidente estadounidense y que el escenario resulta bastante complejo, en ese sentido, para la oposición venezolana.
En sus palabras, sencillamente la era postMaduro se convirtió en un ejemplo de modelo de intervención extranjera. Una vitrina.“Trump presenta a Venezuela como un triunfo en política exterior. Para Estados Unidos mantener a Delcy en el poder por más tiempo podría ser una estrategia útil para proyectar una imagen de éxito”, asegura.
Un ejemplo de ello, fueron las palabras del Jefe de Estado sobre el proceso para la sucesión del ayatolá Alí Jamenei tras su eliminación. Trump declaró que participaría en su elección como lo hizo con “Delcy” en Venezuela. «Washington pretende replicar el mismo modelo en Irán y Cuba. Pero no hay una solución universal”, advierte.
Es tan potable la relación que, según Oner, el oro venezolano que antes llegaba a Turquía ahora se destinará a refinerías de Estados Unidos, mientras el comercio de petróleo avanza, según lo previsto por la Casa Blanca.

El nombre de Maduro ya ni siquiera se menciona. Así hemos llegado en dos meses”, resaltaba en la red social X, donde suele analizar lo que sucede en el mundo.
El exdiplomático turco en Venezuela cree que el hecho de que el líder republicano se refiriera a Rodríguez como “presidenta electa” sin serlo realmente es una clara señal de legitimidad de su parte y que lo más probable es que la sucesora de Maduro asuma la presidencia durante los próximos 5 años.
Para Oner, María Corina Machado, líder de la oposición unitaria, camina en una línea delgada y frágil. En su opinión, Rodríguez parece ofrecerle a la administración Trump los mismos compromisos.
Y en ese contexto, se refiere a la reunión del pasado viernes entre el presidente estadounidense y Machado en la Casa Blanca. Radio Caracol, en una nota, aseguraba que, con Marcos Rubio, secretario del Departamento de Estado como principal interlocutor, el Jefe de Estado le pedía paciencia a la premio Nobel de la Paz, con quien se reuniría en dos o tres semanas, nuevamente.
Oner no coincide con ello.
Mi interpretación de la visita de MCM a la Casa Blanca, es que, en efecto, es una advertencia. ‘No interrumpan el plan de Washington para Venezuela. Probablemente le aconsejaron no regresar a Venezuela por ahora. Es un momento difícil para la oposición, ya que sus objetivos no coinciden con la estrategia de Estados Unidos”.
¿Títere del imperialismo?
“Trump no pierde la oportunidad de alabar a Delcy Rodríguez”, expresa Ricardo Ríos, planificador, analista de entorno y presidente de la firma Poder & Estrategia. Y esos constantes elogios en el marco de su agenda, le generan ruido.
“Visto el tono y la frecuencia, más que un apoyo es una exhibición. Una cosa es apoyar y respaldar; y otra muy distinta es exhibir. Son cálculos y objetivos diferentes”, advierte Ríos.
Por ello la lectura del politólogo no es tan positiva para los factores revolucionarios ni para quienes apuestan al enfriamiento de la popularidad de Machado y Edmundo González Urrutia.

Rodríguez apunta como potencial ficha del chavismo en una futura elección presidencial. Su imagen queda muy desgastada y con la sombra de la traición como más potente reflejo.
Bajo esta premisa, Delcy Rodríguez sería un modelo que Trump necesita mostrar en el marco de la guerra con Irán y en el tablero de lo que la Casa Blanca prevé hacer sobre Cuba. ¿Un títere? La figura, desde el lenguaje de Trump, cobra fuerza.
Según Eva Golinger, abogada, escritora y periodista estadounidense que fue muy cercana a Chávez, Delcy participó en la emboscada de Estados Unidos contra Maduro. En sus redes sociales siempre la relaciona con la escalada de la corrupción en Venezuela en los últimos años.
Ella es el nuevo modelo del imperialismo de Trump. Una miembro del régimen fácilmente subyugada, ansiosa por hacer su voluntad a cambio de poder y títulos. No solo la ha recompensado con la presidencia de Venezuela sino que busca instalar ‘Delcys’ por todo el mundo, empezando por Irán y Cuba”.
Pieza sustituible
Luis Zué Hernández, profesor de Estudios Internacionales en la Universidad Autónoma de Chile, considera que Rodríguez es una figura necesaria para la Casa Blanca, sobre todo en esta primera etapa -tras la captura de Maduro- y que su colaboración resulta fundamental en el marco de una nueva etapa marcada por la explotación del petróleo y el desarrollo del Arco Minero en Venezuela.

Estados Unidos simplemente desarrolla un plan que ella impulsa con un elevado costo en la percepción de la militancia socialista, opina. Pone como ejemplo, lo ocurrido el pasado 5 de marzo, un nuevo aniversario de la muerte de Hugo Chávez y fecha en la que se anunció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas.
“Siempre habían actos, pero en esta oportunidad pasó por debajo de la mesa. Ya hay voces protestando”, precisa. Zue Hernández invita a mirar a profundidad lo que sucede y no dejarse llevar por las redes sociales y la agitación que genera recuperar rápidamente el país. Habla de centenares de excarcelaciones y del cese de la represión.
“Hay cosas que hay que tomar con pinzas y otras no tanto. ¿Qué llamó a Delcy Rodríguez presidente electa? Trump es un hombre que ni siquiera tiene notas para hablar, solo habla. A lo mejor lo dijo solo porque fue él quien la puso y es la que está colaborando. Pero no olviden que tiene la espada de Damocles encima y la amenaza de terminar como Maduro si no colabora”.
Sobre Rodríguez indica que es una especie de modelo temporal que se va quemando delante de su militancia natural.
Pienso que la van a dejar como una tonta útil en el comienzo de nuevas etapas”, asegura el internacionalista, quien recuerda que lo que sucede en Venezuela forma parte de un conjunto de piezas que arman un rompecabezas gigante. En ese mosaico China, Irán y Rusia, pierden fuerza que es, en lo macro, el principal objetivo del mandatario estadounidense.
En ese contexto, destaca como en el marco del conflicto en el Medio Oriente Venezuela se convirtió en un proveedor seguro y confiable de energía para que Occidente mantenga la estabilidad. “Hay que ver lo que suceda en abril, cuando Trump reciba a Xi Ping en la Casa Blanca”, advierte.
Trump bajo la guía de Kissinger
No hay contradicciones. Alfonso Hernández, politólogo, abogado y PHD en Derecho y Ciencias Sociales, aclara que cuando cualquier venezolano observa lo que ocurre entre Trump y Rodríguez, pudiera catalogar lo que sucede como algo antagónico, pero desde la lupa del análisis político no es así. “Lo veo más bien como una expresión bastante clara de lo que se conoce como el realismo político dentro de las relaciones internacionales”, explica.
Hernández sostiene que en el terreno de la política internacional los estados no actúan por afinidades ideológicas sino por intereses estratégicos y, en su opinión, Estados Unidos demuestra con creces, sobre todo con el pragmatismo que ha tenido Trump en su segunda administración.
Con Venezuela, resalta el experto, el mandatario estadounidense logró un posicionamiento tutelado muy firme, con intereses muy claros, enmarcados en la estabilidad regional, seguridad energética y la necesidad de limitar las influencias de Rusia, China e Irán, Cuba y Nicaragua.
Cuando Trump elogia a Delcy y vemos gestos de reapertura de canales diplomáticos, muchos lo pudieran interpretar como una conexión al momento de considerar al régimen que gobierna en Venezuela como una continuidad, pero resulta que no. Eso responde a una lógica bastante conocida en la geopolítica, que el mismo Henry Kissinger, afamado diplomático estadounidense, decía: ‘La política exterior no se guía por simpatías sino por equilibrios de poder y estabilidad”, plantea.
El politólogo recuerda que Estados Unidos se encuentra en este momento en una confrontación bélica con Irán y eso representa dinero y, desde su mirada, el tablero también se mueve para Trump dentro de su país en función de las elecciones que se avecinan en el congreso, preparando además un escenario óptimo para las presidenciales en 2028.
Según Hernández, Washington sabe que desmontar completamente el aparato del chavismo, de un día para otro, podría generar un vacío de poder muy peligroso. “Recordemos que son 27 años dentro del poder y ellos son los que tienen, diríamos metafóricamente, las claves de las cajas fuertes. Ellos son los que conocen esas claves y quienes pueden abrirlas y conectar con lo que está adentro”, añade.
Si bien Venezuela hoy en día es un estado institucionalmente debilitado y con una economía destruida, posee una presencia de redes de poder político, militar y económico, consolidadas en el tiempo, y en ese marco, sectores armados como colectivos, grupos paramilitares y factores de la guerrilla colombiana, pueden desatar el caos.

“Por eso vimos al Secretario del Interior de los Estados Unidos sentado con actores como Diosdado Cabello o la propia Delcy Rodríguez. Ellos necesitan controlar cualquier situación. Intentar eliminar estas estructuras podría producir más inestabilidad que soluciones, entonces Trump quiere soluciones, y en la medida que Delcy cumpla sus peticiones, entregando petróleo, impulsando leyes como la Ley de Minas y atendiendo a los emisarios que él envía, obviamente va a recibir elogios. Es una forma de administrar una transición sin provocar un colapso institucional”, advierte.
Hernández espera más halagos porque, parafrasea nuevamente a Kissinger, en política internacional no se persiguen amistades permanentes sino equilibrios de poder que garanticen la estabilidad y eso es lo que intenta construir Estados Unidos.
En torno de Rodríguez, el PHD en Derecho y Ciencias Sociales, considera que su estrategia parece orientada a posicionarse como interlocutora pragmática ante Estados Unidos, ganar legitimidad internacional y, al mismo tiempo, proyectarse políticamente hacia el futuro.
En ese sentido, no solo busca ganar tiempo para el régimen, sino también construir su propio liderazgo con miras a una eventual candidatura presidencial. De hecho, todo indica que ya está en una fase temprana de campaña dentro de ese tablero político. Además, no hay que perder de vista que también se mueve bajo presión y amenazas dentro del propio sistema de poder, por lo que juega con cautela cada movimiento en el tablero”.
